El día que entrevisté al presidente Menem

El ex mandatario falleció hoy a los 90 años luego de estar internado dos meses.

Corría el año 1994 y en el medio en el que trabajaba en ese momento me informaron que debía viajar a la ciudad de Tandil para cubrir un acto de entrega de materiales escolares para los establecimientos de la provincia de Buenos Aires. La particularidad era que en ese evento iba a estar Carlos Menem, presidente de la nación en ese momento.
Las directivas era no solamente registrar el acto con fotos y redactar la crónica, sino también tratar de conseguir la palabra del Primer mandatario.
Viajé con una comitiva oficial, lo que me abrió ciertas puertas y pude estar cerca e interactuar con algunas figuras importantes del mundo político de ese entonces, como por ejemplo la recordada María Julia Alsogaray, quien en ese momento estaba al frente de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente Humano.
Pero al momento del acto, me tocó ir directamente al palco de prensa, como todos los medios, lo que me alejaba de la posibilidad de conseguir la entrevista con Menem.

Si bien el Presidente de la Nación era la figura principal, el discurso y la voz del acto estuvo a cargo del dr. Eduardo Duhalde, quien era gobernador de la Provincia de Buenos Aires, ya que Menem padecía una disfonía, lo que le impedía esforzar la voz y pronunciar esos enfáticos discursos que eran su marca registrada.
Luego de las palabras de rigor, los elogios de una y otra parte, se llevó a cabo en el gimnasio del Club Independiente el acto de entrega de material educativo y dinero para los distintos Consejos Escolares de la provincia de Buenos Aires, como así también de la firma de los diferentes convenios entre Provincia y Nación.

Finalizado el acto en ese frío mediodía de agosto, pude bajar del acto antes de que finalizara y dirigirme hacia lo que mi instinto me indicaba que podría llegar a ser el camino que eligiera Menem para retirarse del recinto.
Afortunadamente mi olfato periodístico no me falló y, efectivamente, pude interceptar al dr. Menem antes de que llegara a lo que a él más le gustaba: el contacto directo con la gente que lo esperaba para abrazarlo, estrecharle la mano, saludarlo y aplaudirlo.
Más allá del tema de la entrevista en sí, lo que más destaco es la predisposición de Menem para detenerse a hablar, a pesar de los custodios, el apuro, el frío, y su incómoda disfonía. Pude comprobar en persona lo que siempre si dijo de él: que era un seductor nato. Su modo de hablar, campechano, afectuoso, pero firme en sus conceptos, acompañado de una sonrisa y una cercanía poco común para un presidente de la Nación (no tenía reparos en tomar a su interlocutor del brazo o del hombro para reafirmar sus ideas, algo que me asombró cuando lo hizo conmigo), hacían que no pasara desapercibido.
Las palabras de la entrevista no vienen al caso en este momento, pero lo que sí me quedó es la imagen de un hombre que tenía una cercanía genuina con la gente y que estaba totalmente convencido de sus ideas. Seguramente será la Historia la que lo juzgue política y humanamente con el paso del tiempo. Por mi parte, me quedo con la imagen que me dejó y con su saludo de despedida: un abrazo y un “gracias”.

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